La Inteligencia Emocional en el Trabajo

Por Servio Correa Macías

 

Tenía un amigo en la universidad, entró a estudiar algún tiempo antes que yo. No era precisamente un excelente estudiante, reprobaba materias con un afán digno de mejor causa; yo entraba a primer ciclo y él repetía materias en tercer ciclo, yo pasaba a tercer ciclo y él repetía materias en cuarto ciclo; nos graduamos juntos. Algunos años después nos topamos en un evento de negocios, le pregunté cómo estaba y a qué se dedicaba; “Soy el Gerente para Latinoamérica de la marca…” me contestó. Era una marca global de las más destacadas del mundo; mi amigo que no podía calcular la regresión lineal múltiple de un conjunto de datos, poseía el mejor puesto de toda su generación de compañeros…mi amigo tiene inteligencia emocional.

Tengo otro amigo; alguna vez manteníamos una sesión de negocios; estábamos reunidos para la planificación del área de producción. Llegó la hora del almuerzo y a todos nos sirvieron milanesa de carne, pero por esas cosas que a veces pasan, los platos se acabaron y a él y un grupo de compañeros les tocó arroz con pollo. Recuerdo su rostro, miró el plato, miró a la administradora, volvió a mirar el plato y golpeó con su puño derecho la mesa de reuniones dijo algo como “Ya estoy cansado de que me traten como si fuera menos que todos, usted (mirando a la administradora) lo hace a propósito”. Luego tiró el plato en la mesa, se levantó y se fue lanzando con fuerza la puerta. Mi amigo era un excelente técnico…pero no tenía inteligencia emocional.

Pero esa es una parte del todo, la otra parte tiene que ver con la inteligencia emocional y allí es donde mis dos amigos están en los extremos opuestos.

Y lo anterior me lleva a la siguiente pregunta ¿Qué es ser inteligente? Si su hijo saca 10 en matemáticas en el colegio entonces es inteligente, si saca 10 en química también es inteligente…pero si siempre está rodeado de compañeros, motivándolos en algún trabajo en grupo ¿es inteligente? En muchas ocasiones creemos que la inteligencia de un individuo tiene que ver con lo racional, con lo lógico, con la capacidad de solucionar problemas de tipo matemático; si esta persona tiene alto Cociente intelectual entonces es inteligente. Pero esa es una parte del todo, la otra parte tiene que ver con la inteligencia emocional y allí es donde mis dos amigos están en los extremos opuestos.

En 1990 los profesores Peter Salovey, de la Universidad de Yale y John Mayer de la Universidad de New Hampshire introdujeron el concepto de inteligencia emocional. Para Salovey y Mayer la inteligencia emocional es la capacidad de identificar y gestionar las emociones propias y de los demás, así como de utilizar esta información para guiar nuestro comportamiento. El modelo que estos autores planteaban tenía cuatro dimensiones:

Percepción emocional: capacidad de identificar las señales de las emociones propias y de los demás.

Facilitación emocional del pensamiento: usar las emociones de tal manera que faciliten el pensamiento.

Comprensión emocional: comprender las emociones y usar esta información.

Regulación emocional: modular las emociones de tal forma que no nos desborden.

En 1990 los profesores Peter Salovey, de la Universidad de Yale y John Mayer de la Universidad de New Hampshire introdujeron el concepto de inteligencia emocional.

Siguiendo esta línea, en 1995, Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, escribe el libro La Inteligencia Emocional por qué es más importante que el cociente intelectual y populariza el término a nivel mundial. Para Goleman la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestras emociones propias y ajenas, motivarnos y gestionar nuestras relaciones con los demás; su modelo de inteligencia emocional tenía los siguientes componentes:

Autoconciencia: entender nuestras propias emociones.

Autorregulación: gestionar nuestras emociones y mantenernos en control.

Motivación: el impulso que nos hace ir tras nuestros objetivos.

Empatía: reconocer las emociones de los demás.

Habilidades sociales: interactuar de forma efectiva y establecer buenas relaciones.

Lo anteriormente descrito no quiere decir que tener conocimientos técnicos y profesionales no importe; todo lo contrario, importa mucho sobre todo en la actualidad cuando los cambios liderados por la tecnología son exponenciales, pero en ciertos cargos sobre todo gerenciales, son lo que se conoce como competencias umbral, es decir, aquellas que mínimamente se necesitan para cumplir con el cargo. “¿Sabe inglés? ¿Tiene una maestría en Marketing y otra en Administración de empresas? ¿Tiene experiencia? ¿Sabe big data?! Ah bueno, ¡entonces usted está contratado como Gerente de Marketing!”. Lo que haga luego de eso estará marcado por sus conocimientos técnicos, pero también por ciertas habilidades tales como la gestión de su estrés, la motivación de su equipo de trabajo, la forma como empatice con sus compañeros, como desarrolle su red de contactos a través del uso de habilidades sociales, entre otros.

En ciertos cargos sobre todo gerenciales, son lo que se conoce como competencias umbral, es decir, aquellas que mínimamente se necesitan para cumplir con el cargo.

Por esta razón es que un buen vendedor no será siempre un buen Gerente de Ventas, un buen técnico en computación no será siempre un buen Gerente de Cómputo ni un excelente docente será un buen Decano o Director de Carrera; las habilidades que les ayudaron a brillar en sus trabajos son solo una parte de las que necesitan; cuando usted asciende a un puesto Gerencial o Directivo en realidad no asciende…cambia de trabajo. Esto no quiere decir que un excelente vendedor no puede ser un excelente Gerente, sino que debe ser consciente de que necesita cultivar otras habilidades para poder cumplir de forma adecuada en su nuevo puesto directivo.

Las habilidades que les ayudaron a brillar en sus trabajos son solo una parte de las que necesita; cuando usted asciende a un puesto Gerencial o Directivo en realidad no asciende…cambia de trabajo.

Mi amigo el Gerente de la marca global tenía esas habilidades, trabajaba bien en grupo, se motivaba él mismo y motivaba al resto del equipo, gestionaba muy bien el estrés; era consciente de que la inteligencia emocional era solo una parte del todo así que trabajó muy duro para poder obtener y pulir esos conocimientos técnicos que le habían sido esquivos en la universidad. Mi otro amigo no tenía estas habilidades, pensaba que siendo buen técnico era suficiente y quizás sea así hasta cierto nivel jerárquico, pero luego de eso necesitamos desarrollarlas.

Aristóteles escribió su obra Ética a Nicómaco en el siglo IV a.C y ya en ese entonces resaltaba la importancia de la inteligencia emocional, concretamente de la autorregulación, decía Aristóteles en la mencionada obra: “Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta… eso no es fácil”. ¿Y usted, cuántos amigos emocionalmente inteligentes tiene?


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